jueves, 28 de abril de 2011

¿Duermes o despiertas?

Paso a paso, me acerque al borde, no había luz por lo que tenía que hacer un gran esfuerzo para ver. Luego de un rato de estar ahí, sentada en el borde, logre distinguir cosas, nada concreto, eran como…manchas o borrones, como aquellas cosas que uno ve al cerrar los ojos con fuerza.  Las manchas eran curiosas, de diferentes forman que cambiaban a cada segundo, cada una parecía tener una textura y una profundidad diferente, acompañadas de un color apagado y algunas tenían un tenue brillo con el que iluminaban la extensa oscuridad, pero que no era suficiente como para ver donde estaba o que había.
Llevaba un buen rato acostada en la que parecía ser una roca grisácea de poco más de 3 metros de diámetro, inmersa en mis pensamientos, divagando y mirando fijamente a esas manchas moverse, pero el tiempo parecía no pasar, por lo que no podía estar segura de cuánto tiempo llevaba allí, aunque realmente no me importaba mucho, el tiempo era mío.
Me dejé estar allí, tranquila y sin preocuparme, hacía mucho tiempo que no podía relajarme de esa manera, es más, no recordaba ningún momento de mi vida en el cual estuviese tan cómoda y tratando de recordar alguno de esos momentos, poco a poco comencé a cerrar los ojos. Una multitud de sonidos me sobresaltó y me alejó de mi ensoñación, los sentí pasar por encima de mí, como una bandada de pájaros, y aguzando el oído escuche como se alejaban. Adormilada, traté en vano de ver en aquella profunda oscuridad qué había causado los sonidos, pero lo único que pude ver, era que las manchas se habían ido. Al cabo de un rato decidí no darle importancia, y justo cuando me alistaba para acostarme de nuevo, escuche como se acercaban hacía mí los sonidos, pero esta vez no eran como una bandada de pájaros, era como una ola que prometía sobrellevarme y no dejarme en paz. Asustada, me tiré espalda arriba al piso, tapándome los oídos y cerrando los ojos con fuerza, igual que un niño que tiene una rabieta, y  esperé la inminente llegada de la ola, que cayó sobre mi segundos después abrumándome con una infinidad de sonidos.
Aquel “no silencio” era insoportable, estaba segura de que no habían pasado más de 30 segundos, pero yo los sentía como horas interminables, cada milésima de segundo como un minuto y cada segundo como un año, me sentía envejecer por sólo escucharlos, y cuando mi desesperación ya era insostenible, sin pensarlo siquiera una vez, salté de la roca.
CONTINUARÁ…

1 comentario: